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ENTORNO

HEREDAD DE URUEÑA está situada en el centro del centro de Castilla, a los pies de la villa de Urueña, enclavada en la Tierra de Campos, una de las más características de la Comunidad de Castilla y León, tanto por su historia como por su geografía.

Con una altitud media de 750 metros sobre el nivel del mar, y en las estribaciones de los Montes Torozos, las notas dominantes de su paisaje son su amplia horizontalidad y la grandiosidad de sus perspectivas, sólo interrumpidas por algunos cerros, colinas o páramos que marcan, tenuemente, las divisorias de unos cuantos ríos o riachuelos. Mosaico de colores, hoy esta es fundamentalmente una tierra cerealista y desarbolada, con un clima extremo y seco de escasas precipitaciones. De hecho, HEREDAD DE URUEÑA es el primer proyecto de recuperación del cultivo del viñedo y la elaboración de vinos en la comarca, en cuyos pueblos todavía son abundantes los restos de bodegas, casi siempre subterráneas, vestigios de la Edad Media.

Este paisaje ha sido considerado siempre como la más típica imagen de Castilla, utilizada en infinidad de ocasiones como un tópico literario, a pesar de no ser más que una parte de la amplia diversidad paisajística que guarda la comunidad de Castilla y León. Pocas veces se dará una simbiosis tan perfecta entre paisaje y vivienda como en estas tierras. Los pueblos, construidos a la manera tradicional, parecen surgir

de entre los surcos, para luego camuflarse en la llanura.

La primera referencia al nombre de Tierra de Campos la cita Alfonso X el Sabio en su primera “Crónica General” de España. Parece claro que ya existieron asentamientos mucho antes del siglo VIII, cuando, primero los vacceos, luego los romanos, y después los godos, habitaron estas tierras. No en vano Tierra de Campos se llamó anteriormente “Campos de los Godos”.

Cuando los musulmanes entraron en España, Tierra de Campos pasó a ser un desierto fronterizo entre los cristianos al norte y los moros al sur. Pero a mediados del s. IX comenzó a ser repoblada por Ordoño I, Rey de Asturias. Después pasó a ser campo de batalla en las luchas intestinas de los señores que poblaron los reinos de León y Castilla.

En la Edad Media, diversas villas tuvieron gran importancia comercial y económica, por ejemplo Villalón de Campos y Medina de Rioseco. No obstante, a partir del s. XVIII la comarca entró en decadencia, y hoy en día no se puede decir que sea de las más prósperas de Castilla y León. Aún así, Tierra de Campos tiene sus riquezas (cereales, quesos, vinos, carnes, historia, cultura,…) que es preciso explotar en beneficio, sobre todo, de sus moradores. Al mismo tiempo, son un regalo para los visitantes.

En El Centro Del Centro De Castilla

¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Creo que es aquí, en este espacio
donde se inventa la infinitud de los amarillos;
un espacio en el centro del centro de Castilla
en el que nuestros cuerpos podrían sanar para siempre
si tus ojos y mis ojos
mirasen estos páramos
con piedad absoluta
y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse
para hacernos su ofrenda
en rosales de sangre.
En este espacio hay un fuego blanco
en el que viene a expirar esa música
que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!

¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en una tierra con más cielo que tierra,
donde los ruiseñores serenan la alameda
y la alameda serena a los ruiseñores,
y con la emanación
húmeda del tomillo más nocturno,
acude un enjambre de estrellas
a venerar la última espina de Cristo.
Es el lugar donde la luz
llora luz,
y la catedral de los cardos

alza su grito de silencio,
y están solas, muy solas, las vírgenes anunciadas,
y el pueblo amurallado y muerto
asciende vivo sobre un horizonte de lágrimas,
no sé si como un salmo
o como una corona de piedras inciertas.

¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en el centro del centro de Castilla,
donde por los linderos morados
se tensa, como un arco, la luz;
es un espacio en que la nada es todo
y el todo es la nada,
y en el que junio joven viene por los montes
vertiendo de su copa oro líquido.
Es un lugar en el que el espacio y el tiempo
sólo son una hoguera
que arde y que mantiene su combustión
gracias a nuestras vidas (quiero decir:
gracias a nuestras muertes).

La música que más amáis
aquí tiene su tumba.
Es la música que, a través de la respiración de las espigas,
viene a morir en la luz que respiran nuestros pechos.

 

Poema de Antonio Colinas, tomado de su libro “Desiertos de la luz